Heparina, de anticoagulante a tratamiento contra la malaria en cien años

En 1916, el estudiante norteamericano Jay McLean consiguió aislar por primera vez un anticoagulante natural. Cien años después, la heparina —nombre que recibió esta biomolécula— se ha convertido uno de los medicamentos básicos para la OMS y su uso salva vidas cada día.

Mucho antes de que palabras como bioingeniería o biotecnología fuesen acuñadas en los diccionarios, en la Universidad John Hopkins de Estados Unidos, un joven estudiante de medicina consiguió aislar, por primera vez,  un anticoagulante natural. Era 1916 y por aquel entonces Jay McLean estaba a las órdenes del doctor William H. Howell trabajando con tejidos hepáticos de canes buscando fosfátidos. Su trabajo le llevó a toparse con esta biomolécula anticoagulante que hoy conocemos como heparina. De hecho, fue precisamente el conseguir aislar estas biomoléculas de un tejido hepático lo que le dio este nombre.

“El descubrimiento de heparina fue el resultado de mi determinación para llevar a cabo algo por mi propia capacidad”, escribía Jay McLean en su artículo El descubrimiento de la heparina. Determinación que le llevo a aislar por primera vez un anticoagulante natural que, cien años después, se ha convertido en un auténtico salvavidas para millones de personas. Considerado uno de los medicamentos básicos por la Organización Mundial de la Salud, la heparina sigue siendo una gran desconocida. Hoy en día es casi imposible pensar que alguien desconoce qué es el ibuprofeno, un antiinflamatorio descubierto en los años 60, y sin embargo, el uso casi exclusivo de la heparina en hospitales le ha convertido en un salvador de vidas anónimo.

Por qué la heparina salva tantas vidas

La heparina ayuda a prevenir la formación de coágulos en la sangre o impedir el crecimiento de coágulos ya existentes.  Básicamente, lo que hace es diluir la sangre, hacerla más ligera, y funciona porque disminuye la capacidad de coagulación de la sangre. Se utiliza, sobre todo, en hospitales y en ciertos procedimientos médicos que pueden aumentar las probabilidades de que se formen coágulos. Por ejemplo, cuando una persona tiene que pasar mucho tiempo en cama por una enfermedad, se administra la heparina para evitar la trombosis.

Otro de los usos más extendidos es su utilización en procesos de hemodiálisis, un tratamiento médico que consiste en eliminar las sustancias nocivas de la sangre mediante una máquina que imita la labor de los riñones. En mujeres embarazadas, la heparina puede evitar abortos espontáneos en aquellas mujeres que en gestaciones anteriores hubieran sufrido esta pérdida.

El futuro de la heparina

A pesar de ser centenaria, aún se estás descubriendo nuevos usos que ayuden a salvar, si cabe, más vidas. Por ejemplo, el pasado mes de septiembre el Instituto de Bioingeniería de Cataluña, el Instituto de Salud Global de Barcelona y la compañía biotecnológica Bioibérica anunciaban un nuevo acuerdo de colaboración para estudiar el desarrollo de nuevos compuestos derivados de heparina para combatir la malaria.

La malaria o paludismo es una enfermedad causada por un mosquito que lleva entre nosotros más de 50.000 años y que se estima infecta cada año a más de 200 millones de personas y causa más medio millón de muertes en todo el mundo, aunque el 90% de ellas vivan en países africanos y sus principales víctimas, niños. A pesar del anuncio en 2013 de una vacuna eficaz contra esta enfermedad, aún se encontraba en una fase temprana de la investigación.

El parásito de la malaria trasmitido por el mosquito invade las células del hígado y después se incorpora a la circulación sanguínea infectando glóbulos rojos. “Nuestro primer paso fue demostrar que la heparina puede bloquear la adhesión y entrada de los merozoítos a los glóbulos rojos. Así, inhibiendo el crecimiento del parásito, se podría promover la respuesta inmune contra el mismo”, explicaba el Dr. Fernández-Busquets en la presentación del proyecto y explicó cómo hasta ahora la heparina no había sido objeto de investigación para este tipo de aplicaciones clínicas por su actividad anticoagulante.

Una investigación por tres vías diferentes

da una nueva dimensión al uso de la heparina

Sin embargo, unida a nuevas técnicas, esto ha cambiado y se ha abierto una investigación por tres vías diferentes. Por un lado, uniéndola a nanopartículas, que minimizan la actividad anticoagulante de la heparina. Por otro, usando la heparina como fármaco contra las fases del parásito de la malaria que se encuentran en los mosquitos y, por último, testando in vitro 19 compuestos derivados de heparina modificados químicamente y con una baja capacidad anticoagulante. “Hemos finalizado una primera fase muy interesante. Las tres son estrategias que abren la puerta a diseñar nuevos enfoques terapéuticos contra la malaria y ello nos anima a seguir investigando”, concluía Fernández Busquets.

Así, desde aquellos días de laboratorios pretecnológicos en los que Jay McLean consiguió aislar la biomolécula por primera vez, la heparina se ha convertido en el anticoagulante más usado del mundo y, gracias a los últimos hallazgos contra la malaria, le espera un futuro esperanzador salvando muchas más vidas.